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Ser mujer, el poder y la responsabilidad, de la energía femenina.

Ser mujer, el poder y la responsabilidad, de la energía femenina.

Ser mujer, el poder y la responsabilidad, de la energía femenina.

Soy mujer, hoy estoy orgullosa y contenta de serlo, no siempre fue así, en una época de mi vida, rechacé mi género con creencias que igualaban ser mujer con sufrimiento, lucha, invaloración y rivalidad, entre otras descalificaciones a nuestra humanidad. No sabia que cuando reforzaba esas creencias en mi percepción de mi misma o defendiendo mi género de los “malvados” hombres, lo único que hacía era sembrar lástima, culpa y separación. Hoy las descalificaciones de género persisten entre nosotros, a veces veladas en la postura de una femineidad estereotipada, de una supuesta fragilidad de víctimas y en la ignorancia del poder que por naturaleza nos habita. Pertenezco a esta sociedad y comparto los resultados que hemos obtenido hasta hoy. Ofrezco mi experiencia para invitarte a reflexionar y transformar tu energía creadora, que está conformada por la dualidad de los principios masculino y femenino.

La energía femenina en la naturaleza es quietud, profundidad, frío, oscuro, abajo, misterioso, desconocido; todo esto requiere de nuestra parte, si queremos conocerlo de valentía, confianza en nuestra capacidad de exploración y conocimiento. Cuantas cosas hermosas han sido descubiertas ante nuestros ojos por hombres y mujeres dispuestos a descubrir los tesoros de las profundidades del mar, de las cuevas, de muchos rincones fríos y profundos de nuestro planeta.

La energía femenina presente en mujeres y hombres, se resume en una actitud paciente y confiada que espera que los procesos fluyan hasta fructificar. Las madres lo vivimos durante la gestación de nuestros hijos, los esperamos, pacientemente confiando en la naturaleza, confiando en nuestro cuerpo y en nuestro hijo.

Decimos que las mujeres somos dadoras de vida, esto es verdad, solo que se nos olvida que esto no sería posible sin la acción del hombre que activa el proceso, ambos somos dadores de vida.

La mujer que soy inició en el seno de mi familia, con las creencias que al respecto me transmitieron mis padres. Mi padre me dijo sin decirlo como quería él que fuera, desde sus creencias de lo que para él era una mujer y mi madre me mostró como ser mujer, modeló la mujer que ella fue y en mi caso, la que mi padre amó profundamente. También recibí mensajes sobre ser mujer en el colegio, en la universidad, en los medios de comunicación y con esa mezcla de creencias y mi deseo de ser yo misma,  construí, sin darme cuenta, creencias con severas contradicciones y distorsiones que apenas comienzo a develar y transformar en mi madurez.

Hoy es claro que estuve lejos de la verdad y… a veces cerca, mi alma me decía que ser mujer era una bendición, pero mi marco de creencias contradictorias me llevaban y sentirme desgarrada entre la aceptación y la resistencia a mi género. En mi pasado, amé a los hombres con miedo y rivalidad, sentimientos estos, no reconocidos por mí, automatizados en mi mente, sufrí el amor, me sentí abandonada, victima y sola. Muchas veces pensé, sentí y permití que mi mundo funcionara con esas creencias.

En mi proceso de cambio el primer paso fue aceptar mi responsabilidad, mis creencias distorsionadas creaban mi realidad, ahora se que yo era y soy, la creadora y única responsable de mi destino. El segundo paso -y esto es solo un resumen de un proceso que requiere valentía y decisión- consistió en enriquecer mis mapas mentales, escuchando, viendo y sintiendo nuevas opciones, acercándome a la realidad de la naturaleza y el funcionamiento armonioso y fluido en ella, de los principios creadores universales: lo femenino y lo masculino. El tercer paso, consiste en trabajar arduamente sobre mis creencias, aceptando que con ellas creí obtener un falso placer, confrontándolas y poniéndolas a prueba una y otra vez en la búsqueda de resultados que acompasen con la intención de la vida. En este proceso mis creencias se transforman, aceptando mis distorsiones, libre de culpa y con sentido de responsabilidad. Estoy en el proceso de cambiar mis creencia; comportamientos, sentimientos y pensamientos respecto a ambos géneros, avanzando al cuarto paso de esta transformación.

Ahora sé que ser humano es una bendición; hombres y mujeres contenemos ambos principios creadores y somos la representación de uno de ellos. Cuando peleamos con uno dañamos el otro; hablar mal, alimentar creencias destructivas respecto a cualquiera de los géneros nos daña, frena la evolución de la especie humana y por ende nos deshumaniza.

Lo femenino nutre al masculino, somos las madres las que sembramos en hombres y mujeres el sentimiento básico de la seguridad, el cual es por naturaleza masculino. Y recuerda que fue el principio masculino el que activó el proceso de la vida en la madre.

La energía masculina es el principio activador del proceso creativo; las nuevas ideas, las soluciones para satisfacer necesidades, los deseos y los sueños, corresponden a la energía masculina. El padre impulsa a hombres y mujeres hacia la iniciativa, la acción competente, transformadora, y creadora de realidades. El acto creativo genera el sentimiento natural y trascendente de la alegría, que es por naturaleza femenino.

Aprendimos a distorsionar nuestro principio masculino con fuerza bruta y superioridad. Es la postura de agresores y perseguidores.

Aprendimos a distorsionar nuestro principio femenino, con falso miedo al poder del principio activador masculino y para no asumir nuestra responsabilidad, nos sometemos al hombre. Este sometimiento no está motivado por el amor y la confianza en nuestra pareja, nos sometemos por temor a enfrentar la vida, la responsabilidad personal, temor a nuestro propio principia masculino. El resultado es que aumenta nuestro temor a la vida lo mismo que al hombre que creemos equivocadamente, debe ser la autoridad.

Somos partes de una unidad, que por naturaleza es inclusiva y dual (dos). Nuestras distorsiones del amor, que es desde mi punto de vista el sentimiento propósito de la vida, que une los principios creadores en cada acto creativo, nos han separado, creando guerras de poder entre los géneros, que a través de la historia de la humanidad han mostrado una y otra vez resultados desastrosos. Nacimos para estar unidos cada uno poniendo su parte, el masculino activando la creación, el femenino confiando en las fuerzas en movimiento y entregándose libre y voluntariamente al proceso creativo.

Una mujer no puede serlo verdaderamente si no es autodeterminante. Debe estar segura de sí misma gracias a la presencia interna de su principio activador creativo masculino, pues solo cuando posee el poder de la responsabilidad, está en capacidad de protegerse y cuidar de sí misma. Entonces dejará de tener miedo a la entrega total y estará lista para soltar, confiar y dejar que las fuerzas involuntarias dentro de ella la guíen. Estará lista para confiar plenamente en un hombre afuera y acompasar con él si se siente segura y aprobada por el hombre que habita su interior.

Del mismo modo un hombre no lo será realmente si no está dispuesto a dejar que el principio activador, creador masculino funcione a su manera. Dicho de otro modo, debe confiar en sí mismo, en el buen poder de su masculino, gracias a la presencia interna de su principio femenino. Estará listo para disfrutar a una mujer y acompasar con ella si siente que la mujer que habita en su interior lo aprueba como hombre y confía plenamente en él.

La unión de los dos sexos es satisfactoria en la medida en que lo masculino y lo femenino están en armonía y calificados al interior de cada uno de los miembros de la pareja.

Mujer, reverencia al hombre en tu interior y disfruta la compañía de tu hombre.

Hombre, reverencia a la mujer en tu interior y disfruta la compañía de tu mujer.

Es una bendición ser mujer, como tal estoy en el mundo para confiar, alimentando mis ideas, sembrando fe en mí y en la humanidad.

El propósito de las relaciones es volver la vida más fácil, pese a las dificultades temporales. Solo somos una familia humana de seres humanos interdependientes la pareja es un equipo.

MARTÚ

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