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El poder sanador del perdón.

El poder sanador del perdón.

El poder sanador del perdón.

“Cuando perdonamos, dejamos atrás el pasado y nos reconciliamos con el presente para permitir que nuestro futuro despegue…”

Perdón es una palabra suelta y algunas personas solo saben decir esta palabra. La palabra “perdón” no tiene ningún significado real preciso, es una abstracción vaga y de múltiples definiciones.

Indulto, amnistía, condonación, indulgencia, gracias, compasión y generosidad entre otras son sus sinónimos.

Podríamos definir el perdón como la acción y efecto de renunciar mediante una decisión consciente al resentimiento contra algo o contra alguien que desde nuestro punto de vista, haya hecho algo en nuestra contra.

El perdón, no es aceptar los maltratos de las personas poniendo una y otra vez la mejilla para que nos golpeen cada vez que quieran, eso tampoco es amor. Perdón es, realmente, librarnos de la carga del resentimiento. Si logramos comprender que es el resentimiento el que perpetúa nuestro malestar y es un lastre para nuestra vida, nos daremos cuenta del beneficio que obtendremos al eliminarlo.

El perdón tampoco es volver a confiar en quien nos ha hecho daño. Podemos elegir no confiar en quien nos puede dañar, lo que es una acción de protección y amor a sí mismo.

El resentimiento es un campeón entre los sentimientos destructivos, es una distorsión del amor, la ira la tristeza; es una ira eterna que nos envenena, es negar nuestra pérdida y guardar equivocadamente la factura de cobro como nuestro emblema de dignidad. Resentirse es decretar una deuda eterna que nunca podrá ser saldada, el resentido no permite que le paguen, porque entre otras cosas lo que le hicieron no tiene precio.

Cuando estamos adictos al malestar,  nos negamos a renunciar a la factura de cobro, creemos que de esa manera retenemos, amarramos a esa persona y así “no nos puede abandonar”. Entonces es bueno que tomemos consciencia de que la intensión positiva de ese sentimiento es realmente el amor.

Perdonar es una decisión que implica ante todo el amor a sí mismo, la elección del bienestar, la vida y la salud. Perdonar es liberarse y realmente poco o nada tiene que ver con el agresor.

El amor realmente no exige perdón, si alguien a quien amamos hace algo que nos molesta o desde nuestro punto de vista es contrario a los acuerdos que tenemos, la opción sana es reclamar, decirle lo que quiero y lo que no quiero;  la opción de él es comprender nuestro reclamo para retornar al amor. Cada uno retorna a su propio amor y desde allí decide si continúa o no en la relación. Irse o quedarse es elegir libremente y aunque es triste es una opción valida.

Creo que a los niños es importante enseñarles a expresar su ira o enojo y retornar a su amor, así de adultos reclamarán sus derechos con respeto, con argumentos y aprenderán a escuchar y comprender el reclamo de otros. Sentir y expresar la ira es “Ir a Reclamar el Amor”

Así el amor no exige perdón. Equivocadamente igualamos el perdón con el amor, así muchos andan por el mundo haciendo “bobadas” para pedir perdón y confirmar el “amor” que no saben recibir. Esas son las personas que viven pidiendo perdón, como el que reza y empata.

Bien decía mi maestro: “A los cristianos Jesús nos trajo el perdón y no lo recibimos, seguimos pecando para seguir pediendo perdón”

Cuando perdonamos estamos condonando la deuda, declarando que estamos a paz y salvo quedando libres para amar y ser amados. Perdonar es liberarse de las creencias destructivas que existen en nuestro Guión metal.

Y lo más importante de esta acción de limpieza interior profunda es reconocer al resentimiento en nuestro corazón y perdonarnos a nosotros mismos por haber aceptado la invitación a participar en el drama de nuestra película, reconociendo que allá y entonces cuando aprendimos y decidimos este modelo inadecuado de vivir y relacionarnos éramos niños y no teníamos la información que tenemos ahora. Cuando perdonamos, dejamos atrás el pasado y nos reconciliamos con el presente para permitir que nuestro futuro despegue. La acción de perdonar es un medicamento para recuperar el bienestar y cuando estamos sanos, libres de sentimientos destructivos simplemente nos protegemos, nos comprendemos y nos consolamos, así vivimos en la verdad del amor a si mismo y a nuestros semejantes y podemos tomar decisiones para mantenernos realmente vivos.

Cada uno responde por su bienestar y así puede invitar a los otros al mismo camino.

Martú

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